Soledad
He aprendido a vivir contigo, Soledad,
a intoxicarme con tu acre aliento,
Escribo porque siento y siento porque existo.
He aprendido a vivir contigo, Soledad,
a intoxicarme con tu acre aliento,
Hay un rumor en el silencio.
La vida duerme tras el velo nocturno.
Una quietud tangible, espesa,
acompaña nuestra vigilia.
Observo el latido
desbocado en tu pecho
mientras mi sangre en pleamar
recorre caudalosa el cauce de mis venas.
Caen los párpados
como una cortina que escondetodo el placer de un roce,todo el dolor de un amor,todo el cansancio de un crepúsculo.
Lenguas y dedos crean un entramado.
Tu corazón y el mío rasgando la noche,
destello de pieles ardiendo.
Llueven los poros, abrasa tu aliento,
arden la casa, la cama, el alma.
Hay un rumor en el silencio.
Un mar en aparente calma,
la deriva,
soledad,
luces y sombras,
resistencia,
resiliencia,
paz,
belleza en primera fila,
un atardecer memorable,
tu olor mezclado con el de las olas,
que apenas pisan, tímidas,
una orilla en apariencia invisible.
El amor surcando el aire
como gaviota que canta
y acompaña esta postal
de una tarde cualquiera a tu lado.
Acaríciame un momento, te imploro, te ruego. Mi piel es un lienzo que espera tus pinceladas, un trazo fortuito que agite mis bastidores y me transforme en eternidad.
Acaríciame el rostro con tus manos alfareras, que el roce de tus dedos dibuje mi sonrisa y suavice el abismo que atraviesa mi frente.
Acaríciame el pecho con el calor de tu amor, que nuestros corazones bailen siempre al mismo compás marcado por la sinfonía de latidos que creamos al besarnos.
Acaríciame los territorios bajos, indefensos ante el poder de tu regia presencia, conquistados sin lucha, seducidos sin esfuerzo por el aroma desquiciante de tu piel.
Acaríciame un momento y aparta el craso velo que cubre mi alma en llamas. Déjate abrasar por este hogar hoguera que es mi cuerpo, déjate abrazar por este inmarcesible amor que solo obedece al sonido de tu nombre.
Hoy
soy la tristeza
llevo mi traje de ave herida
emprendo un vuelo ciego
el viento golpea
chirriante y doloroso
mis mejillas
imagino la soledad allá afuera
escucho las comisuras empapadas
de tanto llanto,
de tanta hambre,
de tanta nada
grito
y el eco retumba en mi cabeza
afuera cualquier luz muere sin ser vista:
los ojos de los hombres
se acostumbraron a la sombra.
Retazos de la belleza que me habita
Pasa las páginas lento: poemas, relatos, reflexiones y pensamientos sueltos en esta suerte de papel.
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Novela contemporánea · Julio · 2026
Ainhoa Ibárruri tiene treinta y cinco años, un embarazo de seis meses y una bisabuela muerta que se le aparece en el cementerio el día del entierro de su madre. Lo que comienza como un viaje hacia las profundidades del pasado familiar se convierte en un descenso a través del tiempo y la memoria, desde la belleza sencilla del campo asturiano hasta la exuberancia de las costas venezolanas.
Las mujeres de esta casa es una novela sobre lo que heredamos sin pedirlo, lo que aceptamos y lo que elegimos soltar para escribir una historia auténticamente nuestra. Con sabor venezolano, riqueza asturiana, realismo mágico y emoción descarnada, estas páginas te dolerán, pero te harán libres.
Cuando termines de leer, habla con tu madre, aunque ya no esté.
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Antología de relatos y poesía romántico-erótica
Antología de relatos y textos románticos, cuyas páginas te harán redescubrir el amor bajo nuevas perspectivas.
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Sobre mí
Admiro enormemente la inteligencia y la humildad de los animales, disfruto sentarme a leer sin prisa, bailar a destiempo, caminar descalza y respirar profundo. Me rindo ante la belleza y perfección de la naturaleza. El arte me hace volar. La palabra es dueña y señora de este corazón que se desvive por honrarla. Estoy viva.
Nací en Venezuela en 1984 y llevo todas estas décadas entregándome a la tarea de conocerme y permitirme existir en plenitud. Salí de la Universidad Central de Venezuela como Licenciada en Comunicación Social en 2007 y afortunadamente he tenido la oportunidad de trabajar en éste y en muchos otros espacios, lo que me ha permitido cultivar mi empatía, mi paciencia y mi adaptabilidad y me ha llenado el alma de historias que muero por contar.
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© Aleana Adán Legarra. Imágenes protegidas por derechos de autor.
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